dijous, 28 de novembre de 2013

ESPRIU

Presentació realitzada per: Sara Díaz, Gema Estudillo i Gemma López:


dilluns, 25 de novembre de 2013

PREMIO CERVANTES 2013

Elena Poniatowska, premio Cervantes

A sus 81 años, la autora de 'La noche de Tlatelolco' es la cuarta mujer en recibir el máximo galardón de las letras en español

FOTOGALERÍA
La escritora mexicana Elena Poniatowska en una imagen de 2011. / GIANLUCA BATTISTA

El barrio de Chimalistac, al sur de la Ciudad de México, es un oasis de silencio en una frenética y muy ruidosa metrópolis de acero. Al final de un camino empedrado, a un lado de una pequeña capilla colonial, está la casa de Elena Poniatowska (París, 1932), una mujer menuda, rubia, de nariz pequeña, sonrisa fácil, hija de un príncipe polaco pero "más mexicana que el mole”.
Elena Poniatowska ganó este martes el Premio Cervantes, el quinto para un mexicano y el primero para una mexicana. Es la cuarta escritora galardonada en 37 años. Antes lo habían ganado las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010) y la cubana Dulce María Loynaz (1992).
Ensayista y escritora, comenzó a trabajar en el periódico Excélsior en 1954. "A mí lo que me gusta es contar cosas", recordaba hace unas semanas. Se convirtió en una entrevistadora curiosa y certera. Entrevistó a Diego Rivera, a Rulfo, a Paz. Recuerda con especial cariño a Luis Buñuel. “Era muy amable, me llamaba la niña de la leña porque cuando iba a su casa compraba unos troncos porque en su salón hacía mucho frío”. Una generación de periodistas mexicanas creció inspirada por Elena Poniatowska. Por la mujer y la periodista.
Su libro más célebre, La noche de Tlatelolco, es un crudo testimonio de la represión contra estudiantes el 2 de octubre de 1968, una fecha grabada con sangre en la historia mexicana. “Debería conmemorarse oficialmente, una fecha de luto nacional”, repite.
Poniatowska recuerda que, cuando se enteró de la represión, decidió salir a la calle. Hacía solo unas semanas de que había parido. “Tenía que verlo con mis ojos”. Halló un panorama desolador. “Sangre seca, soldados en la calle, zapatos regados en toda la plaza”. Ahí nació La noche de Tlatelolco. El recuerdo aún la emociona. Años más tarde, el exlíder estudiantil Luis González de Alba, entrevistado pata la obra, le exigió cambiar algunos párrafos por considerar que sus palabras habían sido tergiversadas. En la polémica otros veteranos de la época salieron en defensa de Poniatowska, pero tras un pleito legal, un juez falló que los cambios se efectuaran y así lo hizo la autora.
Testigo de primera fila de la historia mexicana reciente, el momento que más le ha conmovido fue la movilización ciudadana tras el terremoto de 1985, “uno de los pocos instantes en que México fue capaz de mirarse a sí mismo y, sobre todo, de sobreponerse a la tragedia”. De los escombros salió un sentimiento ciudadano inédito, solidario y que puso en pie a la capital del país, diezmada por un seísmo que se cobró miles de muertos. De la experiencia ella escribió Nada, nadie: las voces del temblor. Pero opina que el mejor libro lo escribió su amigo Carlos Monsiváis. “Un libro fantástico, No sin nosotros”. Lo dice y suspira. “A él lo extraño mucho, mucho”. Monsiváis murió en junio de 2010.
Es una mujer comprometida con lo que cree. Se indigna. Por un país donde el 50% vive en la pobreza. Donde se cometen injusticias contra las mujeres un día sí y otro también. Donde el neoliberalismo ha devorado a las pequeñas ciudades y al campo. “En México ya no nos tomamos el tiempo de vivir, de platicar”. Y guarda un deseo. “Me gustaría ver a un presidente mexicano de izquierdas”.
A la par que su carrera literaria, está su activismo político. Primero con Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, durante la mayor movilización opositora que se atrevió a desafiar al entonces todopoderoso PRI. Y más tarde con Andrés Manuel López Obrador, dos veces candidato presidencial en 2006 y 2012. Sobre el sofá de su casa guarda un cojín con la imagen del también exalcalde de la Ciudad de México bordada en punto de cruz. Hace apenas dos semanas que lo acompañó en un mitin contra la reforma energética propuesta por el presidente Enrique Peña Nieto.
No le gusta que le llamen Elenita. Cree que “infantiliza”. ¿Es machista? “Quizá un poco”. Relata que a Frida Kahlo, la mítica pintora mexicana, le llamaban “la coja”: “Ahora todos hablan maravillas, pero entonces se referían a ella así. El machismo tiene mucha crueldad”.
Justo una de las mujeres de Diego Rivera protagoniza un libro suyo pequeñito pero entrañable: Querido Diego, te abraza Quiela. La obra, escrita a manera epistolar, relata la desgraciada historia de amor entre la pintora Angelina Beloff y el muralista mexicano, que fueron pareja cuando él vivió en París. Cuando Beloff viaja a México para encontrarse con su amado, se topa con que éste tiene una nueva mujer: Lupe Marín, la que sería la madre de sus dos hijas más pequeñas.
Las mujeres —las creativas, las valientes, las que van contra corriente— son una constante en su obra. Es una meticulosa retratista del feminismo femenino. En apariencia delicado, pero con firmeza militar. Como el de la pintora Leonora Carrington (Leonora), o el de la fotógrafa Tina Modotti (Tinísima). O el de una mujer que de tan bella acaba explicando al juez por qué tiene cinco maridos (De noche vienes, Esmeralda), o el de una valiente soldadera —las mujeres que iban al frente durante la Revolución Mexicana— que termina trabajando como lavandera en la capital del país (Hasta no verte, Jesús mío).
A las —muy frecuentes— tertulias en su casa asisten también un perro negro y dos gatos que no dudan en sentarse en el regazo del invitado: Monsi y Váis, en honor de su fallecido amigo. Pasa tardes charlando, tomando té, rodeada de libros. Es difícil mantener su curiosidad a raya. En cualquier descuido el entrevistador acaba entrevistado. ¿Sabe que ha sido una inspiración para una generación de mujeres mexicanas periodistas? “No, fíjate. Qué bueno. Que haya más mujeres que quieran contar cosas. Nos falta muchísimo por contar”.

dijous, 21 de novembre de 2013

MERCÈ RODOREDA

Treball realitzat per Mar Cano, Paula Navarro i Andrés Prieto:

dilluns, 18 de novembre de 2013

DORIS LESSING, LA ÉPICA DE LA FEMENINO












Adiós a una escritora comprometida con la vida y la literatura Doris Lessing, la épica de lo femenino.
La autora británica, Nobel de Literatura en 2007, fallece en Londres a los 94 años
ALBERTO MANGUEL   18 NOVIEMBRE 2013
Conocí a Doris Lessing hace unos 15 años, durante los cuales labramos una de esas amistades que me atrevo a calificar de profunda, en la cual las cartas fueron mucho más frecuentes que las conversaciones. La nuestra era, en un sentido literal, una amistad basada en la palabra escrita. Por carta, hemos discutido de política, de libros, de las mentiras de la historia y de la verdad de la literatura, de teatro y de cine, y de los lazos familiares de cada uno, de esa voluntad humana de crear obligaciones afectivas que Francis Bacon llamó “dar rehenes a la Fortuna”. Hemos criticado a editores, publicaciones, Gobiernos y hemos lamentado la suerte de los países que sentimos inexorablemente nuestros: en su caso, Rodesia. “Nunca nos vamos del todo del país que primero quisimos”, me escribe en una carta, respondiendo a mi cólera durante la crisis argentina de 2001. “Una parte de mí estará siempre en África”. Lessing, que falleció ayer en Londres a los 94 años, nació en Persia en 1919; a los cinco, se instaló con sus padres en Rodesia del Sur. Allí vivió un cuarto de siglo, hasta que, abandonando a su segundo marido, decidió emigrar a Inglaterra con su hijo menor. Su oposición al Gobierno minoritario blanco de Rodesia le valió el sello de “inmigración prohibida”: es decir, no se le autorizaba a volver a entrar en el país, y fue tan solo en 1982 que se le permitió volver a lo que ahora se llama Zimbabue. Cuatro veces visitó la tierra de su infancia y juventud, visitas que dieron lugar al libro de reportaje African Laughter. Desde su juventud, Lessing se interesó por los problemas de la educación en Rodesia. ¿Cómo hacer para que los niños de esa región tan pobre tuviesen acceso al conocimiento del mundo? ¿Cómo hacer para que los fondos destinados a la educación resultaran en escuelas, y las escuelas en bibliotecas, y las bibliotecas en libros que todos pudiesen leer? ¿Cómo formar a maestros que enseñasen a los niños a oponerse a la corrupción iniciada por el tiránico Mugabe, dictador a vida del Zimbabue, a no adoptar las establecidas costumbres de robar y mentir y abusar del poder, no solo a nivel del Gobierno, sino a todos los niveles de la sociedad? ¿Cómo cambiar los modelos de poder injusto en las familias, en las aldeas, en las empresas, en todos los círculos sociales? Para Lessing, la solución (o un intento de solución) empieza siempre con el individuo. El individuo, como lo piensa Lessing (y como lo pensaba Aristóteles), desea esencialmente el bien: conocer el mundo, vivir en él con justicia, ampliar su mente y sus poderes intelectuales, compartir deberes y privilegios, ser lo más humano posible. Y ese deseo, según Lessing, aun en las sociedades más desunidas, más frágiles, junto a la necesidad de sobrevivir físicamente, de comer y beber dignamente, y de tener un techo y un refugio, se manifiesta concretamente en el deseo de leer. De allí la conmovedora historia que da título a un corto texto de Lessing, aún inédito en castellano: Por qué un niño negro de Zimbabue robó un manual de física superior. Un niño roba un libro que no puede leer “para tener un libro que es mío”. Dos son los impulsos que lo llevan a esta acción. Primero, poseer el objeto, que durante el tiempo de espera es mágico, como un talismán con inmensos poderes; luego, aprender a servirse de él. Para el niño de la exigua escuela de Rodesia, con sus maestros pobremente instruidos y sus anaqueles casi vacíos, los libros que satisfarán su deseo son las obras universales de nuestras literaturas, esas que pueden ser universalmente leídas. En literatura no todo espejo nos refleja. Lessing quiere que el niño de este relato pueda decir, al recorrer el libro elegido, escrito quizás hace siglos por alguien de otra cultura: “Mi abuela me contaba una versión de esa misma historia”. Que es una forma de decir: “Ese relato es también mío”. Cuando le fue otorgado, por fin, el Premio Nobel, recordó esa anécdota y dijo que le gustaba pensar que sus ficciones no eran sino versiones particulares de otras, contadas en otras lenguas y quizás más antiguas. En casi todos sus libros, ese esperado reflejo es, para Lessing, la meta literaria. Un reconocimiento, la intuición de una memoria, una sensación de poseer de pronto, convertida a palabras, una experiencia ya sentida, íntima y secreta. Desde sus primeras ficciones autobiográficas, siguiendo con la saga de su heroína, Marta Quest (que, a través de El cuaderno dorado se convirtió en lectura esencial para el movimiento feminista de los años sesenta en adelante), pasando por los poderosos relatos que captan, en brutales instantáneas, la traumática vida de la segunda mitad del siglo
XX en África y en Europa, hasta las extraordinarias invenciones de ciencia ficción que reveló en ella una capacidad de invención casi ilimitada, y acabando con recientes y audaces novelas sobre temas tan diversos como la violencia infantil, la sexualidad de la edad madura, el mito originario de la desigualdad de los sexos, y, finalmente, varios volúmenes de memorias y una biografía ficticia de sus propios padres, Lessing propuso a sus lectores preguntas fundamentales sobre cómo actuar con responsabilidad en el mundo. Ser lector es, para Lessing, una toma de poder, un acto revolucionario que nos permite acceder a la memoria del mundo, a ser ciudadanos en el sentido más profundo de la palabra. “Literatura e historia son ramas de la memoria humana”, escribe. “Nuestro deber es recordar, incluso lo que está por suceder”. Al final de un conmovedor ensayo sobre la condición humana, Prisons we choose to live inside, Lessing imaginó a otro niño (en este caso, el casi mítico faraón Akenatón que hace casi 25 siglos quiso imponer una ética humanista en el imperio egipcio) que crece en una sociedad dictatorial e injusta, haciéndose esta pregunta: “¿Qué puede hacer una sola persona contra este terrible, pesado, poderoso y opresivo régimen, con sus sacerdotes y sus temibles dioses? ¿De qué vale siquiera probar?”. “Siquiera probar”, dice Lessing, no solo “vale la pena”, sino que es la condición esencial de nuestro existir. Vivimos probando, intentando alcanzar ese bien que ansiamos, mejorar este pobre y desahuciado mundo. Es decir: “Usando nuestras libertades individuales (y no quiero decir simplemente formando parte de manifestaciones, partidos políticos, y demás, que son solo parte del proceso democrático), examinando ideas, vengan de donde vengan, para ver de qué manera estas pueden contribuir útilmente a nuestras vidas y a las sociedades en las que vivimos”. En este mundo insensato y violento en el que vivimos, las palabras de Doris Lessing son un aliento y una guía.

ENRIC VALOR.

dijous, 14 de novembre de 2013

LA PLAÇA DEL LLIBRE I LA SETMANA DELS ESCRIPTORS

Acció Cultural del País Valencià (ACPV), l’Associació d’Editors del País Valencià, l’Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC) i el Gremi de Llibrers de València s’han unit per dissenyar i impulsar una iniciativa conjunta per promoure la nostra cultura i el foment de la lectura: la Plaça del Llibre i la Setmana dels Escriptors a les Llibreries.
La iniciativa parteix d’una doble condició. Primer, del compromís de les quatre entitats impulsores amb la cultura i la llengua en general, i amb la cultura escrita i el llibre en particular; segon, de la necessitat de fer front al context de crisi econòmica (que tant afecta a la cultura) mitjançant la col·laboració, la generositat i la suma de sinèrgies. En aquest sentit, les quatre entitats han destacat la voluntat de treballar plegades amb un protagonisme col·lectiu i des de l’ambició de sumar.



Toni Gisbert (secretari d’ACPV), Jesús Figuerola (de l’Associació d’Editors), Gemma Pasqual (vicepresident de l’AELC) i Ignacio Larraz (del Gremi de Llibrers) han presentat avui el projecte, dividit en dues fases.

Del 14 al 24 de novembre tindrà lloc la Setmana dels Escriptors a les Llibreries, amb la realització de presentacions de llibres a –de moment- una vintena de llibreries de tot el País Valencià. D’aquesta manera, els organitzadors expressen la seua voluntat de tenir el compte el territori i les comarques, i de descentralitzar el programa d’actes.

Posteriorment, del 21 al 24 de novembre, a l’Octubre Centre de Cultura Contemporània (OCCC) de València, es celebrarà la Plaça del Llibre, que constarà de quatre grans àmbits:

-primer i principal, la conversió del hall de l’OCCC en una gran llibreria, amb especial atenció a la producció editorial valenciana, de lliure accés, on el públic podrà consultar i adquirir tota mena de llibres en català, i assistir a presentacions de novetats editorials, converses amb els autors o seguir en directe entrevistes en les que els escriptors parlaran sobre la seua obra i la seua relació amb la literatura;
-segon, la realització durant els matins d’actes en els quals participaran centres d’ensenyament de tot el país, amb la intenció d’apropar els nostres autors als estudiants, amb encontres amb autors, rutes literàries pel centre de València;
-tercer, l’atenció al públic infantil, amb la presència dels conta-contes Llorenç Giménez, Vicent Penya i Manel Alonso durant el cap de setmana;
-i, finalment, l’homenatge a Vicent Andrés Estellés i Salvador Espriu en l’any que es commemora el centenari d’aquests dos grans autors, amb la presència d’una exposició i la realització d’una actuació musical.

En l’acte de presentació d’aquesta iniciativa, els representants de les quatre entitats impulsores han destacat la bona salut de la cultura i de l’edició en català, amb 9.537 títols publicats l’any passat (dada superior al que s’edita en llengües amb estat propi, com el finès o el grec, o comparables, com el que s’edita en Portugal). Tanmateix, tamé han denunciat el greu problema de visibilitat que, particularment al País Valencià, afecta aquesta producció editorial, fonamentalment perquè l’actual Govern valencià fa deixadesa de la seua responsabilitat com a govern de tots els valencians, marginant i menystenint la cultura pròpia.

En aquest sentit, els representants de les quatre entitats impulsores han reclamat al Govern valencià diàleg per a poder dissenyar conjuntament un Pla de Foment de la Lectura que, a més, atenga particularment l’edició en la llengua pròpia i els nostres escriptors.

La Setmana dels Escriptors a les Llibreries i la Plaça del Llibre compta, a més, amb el suport de FULL Fundació pel Llibre, Federació Escola Valenciana, les universitats d’Alacant, València i Jaume I de Castelló de la Plana, i el patrocini de la Institució de Lletres Catalanes.
Article transcrit del bloc La plaça del llibre.

dimarts, 12 de novembre de 2013

Enric Valor

Per tal que gaudiu de Valor que és el que cal, a més a més d'estudiar-lo, llegiu un relat breu, viatge de nadal, que podeu trobar al llibre Narracions perennes i que ens adjunta el professor Josep Iborra en el seu magnífic bloc La serp blanca.

dilluns, 11 de novembre de 2013

Baratar i barata


Article publicat en el Levante-EMV divendres 18 d'octubre del 2013

Baratar i barata

J. Leonardo Giménez

El verb “baratar” era molt usat fa quaranta anys en arrere. Ara s’utilitza molt poc, tal volta perquè ja no baratem tant com baratàvem; i com que tampoc s’empra massa en els textos escrits, eixe pobre verb, tan nostrat, ha perdut vitalitat entre els jóvens. Per això, per estar en trànsit de desaparició, Eugeni S. Reig el va incloure en l’impagable recull lèxic Valencià en perill d’extinció. Té el significat de ‘permutar, intercanviar, donar una cosa i rebre’n una altra a canvi’. És sinònim de “bescanviar”. Quan jo era menut, recorde que hi havia els baratadors, que, entre altres productes, barataven, és a dir canviaven o bescanviaven, gots, plats i coberteria en general per pells de conill. També es baratava arròs per oli o blat. Una part de l’economia en la societat agrària o rural es realitzava baratant, intercanviant. En un sentit modern de baratar podríem dir que, de vegades, es baraten/permuten solars per vivendes fetes. O que ‘Han baratat la moto per un gos de raça”. L’acte de baratar és la “barata”, és a dir ‘bescanvi, intercanvi, permuta, sense mediació de diners’: “Va fer la barata de la bicicleta de muntanya per un equip de música”, “El xiquet ha fet la barata de cromos per tebeos”.
A més de substantiu, la paraula mencionada, “barata”, pot ser preposició o locució preposicional, “a barata”; tampoc té els favors del model llibresc, però és viva encara en el valencià col·loquial, almenys en poblacions mitjanes i menudes. També la inclou, en les dos categories gramaticals, Eugeni S. Reig en l’esmentat llibre. És sinònima de “a canvi de”, “en canvi de”: “Barata el favor que m’ha fet, li he regalat un mòbil ”. Ma mare deia que, quan encara era ben xiqueta, feia de passejadora (cuidadora) d’una criatura de bolquers “barata el berenar”. Cap als dotze anys, va pujar en l’”escalafó laboral” i igualment passejava una altra cria, però també agranava i escurava en la casa del bebé “barata esmorzar, dinar i sopar”. Berenar, no. Esperem que la “barata”, com a part de l’economia domèstica, no torne ací i que desaparega del tot del planeta, perquè en algunes parts del món encara està present. I que ningú treballe barata un sou de misèria, com voldrien les sangoneres i els voltors de les selves financeres, que ausades que n’hi ha.

dimarts, 29 d’octubre de 2013

SOBRE OBERTES I TANCADES

Us recomane un enllaç del bloc de l'IES FEDERICA MONSENY on apunten la lliçó de fonètica de la UPV.
Us ajudarà en la fonètica.

Joan F. Mira reconstrueix la infantesa a 'El tramvia groc'

Avui a les 19h presentación del llibre al Centre Octubre de Valencia.

L'antropòleg, assagista i novel·lista Joan Francesc Mira rememora al seu darrer llibre, 'El tramvia groc' (Proa), els seus anys d'infantesa i adolescència, en un exercici que reconeix que li ha suposat alguna complexitat i molt temps d'elaboració. Mira ha presentat el llibre en roda de premsa a València aquest dimecres, on ha relatat als mitjans el que ha intentat explicar: "No la meua vida, sinó els recursos que poden eixir de la meua experiència com a expressió d'una forma de viure, del final de la societat tradicional".
L'escriptor ha afegit que no es tracta d'una autobiografia a l'ús perquè no és un relat cronològic sinó "literatura de la memòria o memòria convertida en literatura". Mira ha explicat que ell va néixer l'any 1939, l'any del final de la Guerra Civil Espanyola, i que quan va començar a tenir ús de raó va ser l'any del final de la Segona Guerra Mundial, 1945, quan tenia sis anys. Per l'escriptor, els anys que relata 'El tramvia groc' "són anys del final de la societat precontemporània o pretecnològica, on no existia pràcticament res dels elements que avui considerem indispensables".

"S'ho han carregat tot"
Mira es va criar a  l'actual barri de La Torre, als afores de València ciutat, en una casa on hi havia un ambient entre el camp i la ciutat, amb germans grans que anaven a la universitat però del món rural que representava l'horta de València. Mira ha rememorat aquells anys i ha confessat la tristor que li produeix passejar per on hi havia la casa familiar. "S'ho han carregat tot, comprenc els canvis per millorar allò que tens però tenint una idea, allò s'ha convertit en uns paratges desolats i absurds", ha lamentat, i ha afegit que "com han fet en altres coses, hem destruït allò millor que teníem".

Segons ha explicat, a Joan Francesc Mira li ha costat temps i treball rememorar aquells anys, gairebé més temps que la mateixa escriptura. Mira ha reconegut que li ha suposat més complexitat que escriure ficció, ja que "en la ficció fabriques els personatges al teu gust i els pots encaixar, ací jo no puc fabricar personatges, puc seleccionar i no puc inventar". En aquest sentit, ha assenyalat que no hi ha cap invenció i ha comparat aquest exercici amb les memòries d'escriptors com Nabokov o Canetti, que evoquen passatges de quan tenien 3 anys. Joan Francesc Mira ha reconegut que l'únic moment de ficció és quan rememora els fets històrics que des de l'època romana podien haver passat pel carrer on vivia de petit, que coincideix amb el traçat de la Via Augusta romana.

Mira ha remarcat en diverses ocasions el fet que l'escriptura d''El tramvia groc' li ha suposat un exercici feixuc, també emocionalment, "et quedes de vegades pensant que t'has gastat i penses: estic consumint-me", ha dit.

L'escriptor ha assenyalat que un segon volum li passa pel cap, sobretot perquè serien anys que considera importants, amb els anys universitaris a Roma i els primers anys de compromís polític. "Si puc en els pròxims mesos reconnectar amb aquells anys a partir dels 15 anys, perquè m'ha costat gairebé més la reconnexió que l'escriptura, és possible que em decidisca a fer un segon volum,", ha dit Mira.

Ressenya treta del diari ARA

 

dimecres, 16 d’octubre de 2013

Clara Sánchez gana la 62 edición del Premio Planeta

La escritora madrileña se alzó con el galardón por su novela 'El cielo ha vuelto' | La finalista es Ángeles González Sinde con 'El buen hijo'

Cultura | 16/10/2013 - 00:06h | Última actualización: 16/10/2013 - 09:50h
Clara Sánchez gana la 62 edición del Premio Planeta
La escritora Clara Sánchez, ganadora del Premio Planeta 2013 Mané Espinosa
Barcelona. (EFE).- La escritora madrileña de origen alcarreño Clara Sánchez ha ganado hoy la 66 edición del Premio Planeta, dotado con 601.000 euros, por su novela "El cielo ha vuelto", que ha definido como una "novela sobre la desconfianza".
La ganadora del Planeta había ocultado su nombre tras el seudónimo de José Calvino y el título ficticio de su obra era "La dama del hechizo", mientras que la finalista de este destacado premio literario es la guionista y cineasta Ángeles González Sinde, que se escondía tras el seudónimo de Salvador Durán, por la novela "El buen hijo".
La novela ganadora se centra en Patricia una exitosa modelo de pasarela que descubre que la terrible revelación que una vidente le hizo tiempo atrás se convierte en realidad: alguien desea su muerte y le hace la vida imposible.
Clara Sánchez ha confesado en la conferencia de prensa que "esta novela habla de la desconfianza y, sobre todo, de hacia dónde nos puede llevar un sentimiento tan potente como el que nos domina ahora mismo, al menos, a una gran parte de nosotros, que ya no podemos depositar nuestra fe en personas como el director de la sucursal bancaria de la esquina".
Según Sánchez, a través de Patricia ha podido recorrer una aventura como las que a ella le gustan: "las aventuras humanas en las que la psicología de la persona se pone en funcionamiento porque en su vida sucede algo imprevisto y se desata unos mecanismos psicológicos para abordar esa nueva realidad que se le viene encima".
Ha confesado la autora que el personaje surgió después de mirar una revista de moda en la peluquería, en la que encontró a una chica posando de esa manera lánguida, pero el alma, el espíritu, siempre encuentra resquicios por donde escaparse y "a esa chica le noté en la mirada algo extraño, estaba asustada".
A partir de esa imagen, Sánchez se interrogó sobre qué le ocurría en su vida a la joven modelo: "Hay veces que los medios de comunicación no dan voz a personas visibles, por ejemplo Kate Moss, que es la culminación de la imagen, pero casi nadie sabe lo que piensa, cuál es su vida".
En la velada literaria, Clara Sánchez se ha acordado de su padre, que falleció este año, de la premio Nobel Alice Munro y de Ana María Matute, "una escritora española que es muy buena y que también lo merece".
En la novela, que tiene una cierta trama de thriller, Patricia "lucha por situarse en el universo, por saber quién es. Empieza a ver a su familia de otra manera, a detectar que hay personas en su alrededor que la están vampirizando y se fija en cosas en las que yo no me fijaría".
"A los vampiros de hoy, más que la sangre, lo que les gusta son las neuronas", asegura.
A pesar de que la protagonista se mueve en el mundo de la moda, la ganadora del Planeta advierte que no se trata ni de una crónica ni de un ensayo sobre la moda, y ha tratado de "ahondar en una persona que tiene un tipo de vida, y que de pronto tiene que fijarse en otras cosas".

dijous, 10 d’octubre de 2013

NOBEL DE LITERATURA 2013.

Alice Munro gana el Nobel de Literatura por su maestría en los cuentos.

La escritora, conocida como "la Chéjov canadiense", obtiene el galardón después de varias ediciones en las listas de candidatos.


La escritora canadiense Alice Munro. / efe

Después de muchos años el Nobel premia al cuento. ¡Y que cuentos! La escritora canadiense Alice Munro ha ganado hoy el premio Nobel de Literatura 2013. “Maestra del relato corto", según el dictamen de la Academia sueca, "su estilo es claro y de un realismo sicológico”. Munro, nacida en Wingham (Ontario) en 1931, es la decimotercera mujer que obtiene el galardón más importante de las letras universales y la primera que se apunta el tanto para el país norteamericano. Conocida como "la Chéjov de Canadá", la narradora ha colocado los cimientos del realismo moderno literario de su país. Mundos corrientes que tras su serenidad esconden tormentas afectivas y sentimentales a punto de desatarse.
"Era un castillo en el aire que podía suceder, pero probablemente no sucedería. Sabía que estaba en la carrera, sí, pero la verdad es que nunca pensaba que fuera a ganar”, ha reconocido la premio Nobel a The Canadian Press. “Estoy feliz y muy agradecida y en particular orgullosa de ganar este premio y agradar a tantos canadienses”, ha declarado en un comunicado a través de su agente.
"Está al nivel de los mejores como Chéjov, Maupassant y de Borges", afirma Javier Marías. Parte de esa maestría, agrega el escritor madrileño, que le concedió a Munro el titulo de duquesa del Reino de Redonda en 2005, se deba que "tiene una grandísisma escritura en la que consigue transmitir una profunda emoción con personajes normales en una época en la cual se privilegian los buenos o malos sentimientos que rozan la cursilería. Ella escribe sobre gente normal sin, cargar las tintas, y consiguiendo unos niveles de emoción profunda con poco parangón en la literatura actual"
La aportación de Munro a la Literatura y su universo literario los define así el escritor y crítico argentino Alberto Manguel: "Las grandes obras de la literatura universal son vastos panoramas globales o minúsculos retratos de la vida cotidiana. Alice Munro es el genio indiscutible de estas últimas, capaz de hacernos ver a través de la una banal circunstancia toda la gama de nuestras pasiones y de nuestras pequeñas derrotas y victorias". Sobre su inequívoco mundo femenino añade un interesante matiz el crítico, escritor y traductor estadounidense Davil Homel: "ella escribe sobre mujeres y para mujeres, pero no está demonizada por los hombres".
Munro se inició en la literatura a los 30 años, con cuentos y relatos que vendía para la radio pública canadiense. La autora, madre de tres hijas, ha reconocido la importancia de su madre y de las mujeres que ha conocido en su vida para construir su gran territorio literario. En cuanto a la influencia de otros autores en su obra, ha destacado la influencia de Katherine Anne Porter, Flannery O’Connor, Carson McCullers y, sobre todo, Eudora Welty. Así como de James Agee y William Maxwell.
La editora de Lumen, su sello en España, Silvia Querini, se encontraba hoy “escandalosamente feliz” de que el Nobel hubiera recaído en Munro, una autora que había perseguido durante nueve años para que sus obras figurasen en su catálogo. Mientras la editora corría por los pasillos de la Feria del Libro de Fráncfort destacaba de ella su intenso trabajo, “aprovechando para hacer lo que realmente le gustaba: escribir”.

Algunos de sus libros

Las lunas de Júpiter (1982, edición original)
Progreso del amor (1986)
Amistad de juventud
(1990)
Secretos a voces (1994)
El amor de una mujer generosa (1998)
Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio
(2001)
Escapada (2004)
La vista desde Castle Rock
(2008)
Mi vida querida
(2013)
Alice Munro ha volcado en su literatura la experiencia de su vida cotidiana. Hija de una profesora y un granjero, estudió periodismo y filología inglesa pero abandonó los estudios para casarse y ser ama de casa. Entonces aún no escribía. Montó una librería con su primera esposo, padre de sus tres hijas, hasta que se divorciaron. La escritora, se casó por segunda vez (aunque mantuvo el apellido de su primer marido) y empezó a publicar con éxito en 1968. "Utiliza los retales del tiempo y las 26 letras del alfabeto para crear un universo espléndido", asegura Querini. "Su literatura es hermosamente feroz cuenta con la inteligencia del lector. Te invita a un juego y si tienes las cartas adecuadas te invita a entrar para que te lo pases estupendamente”. Según su editora, Munro "ya no escribirá mucho más de lo que ha hecho hasta ahora. De su obra me quedo con Mi vida querida no solo porque sea el último sino por la parte autobiográfica, que es fantástica”.
Solo en los últimos años se han difundido la mayoría de sus libros en español. De los treces títulos que lleva publicados se conocen en castellano los siguientes: Las lunas de Júpiter (Debolsillo) (1982, edición original), Progreso del amor (RBA) (1986), Amistad de juventud (Versal) (1990), Secretos a voces (RBA) (1994), El amor de una mujer generosa (RBA) (1998), Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (RBA) (2001), Escapada (RBA) (2004), La vista desde Castle Rock (RBA) (2008) y Demasiada felicidad (Lumen), conocida en 2009 pese a que antelación había anunciado su retiro definitivo de la literatura. Siete de sus ficciones han sido llevadas a la pantalla, especialmente a la televisión. Sarah Polley filmó en 2006 Lejos de ella, con Julie Christie, basada en uno de sus cuentos.
* Con información de Aurora Intxausti.

dimarts, 1 d’octubre de 2013

RESUM i FONÈTICA

Una vegada més fem ús del bloc Cruïlla per posar exemples de com escriure un bon resum i ampliar les explicacions de fonètica.
 Gràcies per oferir-nos tan de material

dijous, 26 de setembre de 2013

LA RAE CELEBRA SUS 300 AÑOS

Tres siglos de trasiego de palabras

Una exposición que condensa la vida de la Real Academia Española inicia los actos del tricentenario

La institución ha resistido diferentes convulsiones históricas

Cajones donde se almacenan las fichas de las palabras en la RAE. / LUIS SEVILLANO

En la Real Academia Española (RAE) hay una vida dentro y otra fuera que no siempre han confluido con armonía. No es lo mismo hacer diccionarios con Carlos III en el trono que con Fernando VII. Ni se debate sobre semántica y ortografía igual en tiempos de paz que cuando resuenan trompetas de guerra. En sus tres siglos de historia, mientras en las sucesivas sedes de la Academia sus integrantes se afanaban en rellenar fichas sobre palabras, fuera se sucedían reyes, repúblicas, dictaduras… Algunos autores llamaban a la puerta para entrar —el éxito no estaba garantizado como bien sabe Emilia Pardo Bazán— y otros rechazaban las invitaciones de la institución (el supersticioso Jacinto Benavente creía que el ingreso le acercaba a la muerte y alguna razón no le faltaba: no hay más que ver el perchero, con un correturnos por antigüedad que acerca hacia la primera percha conforme se suceden los decesos).
En La lengua y la palabra, la exposición que recorre los 300 años de la RAE, organizada entre la institución y Acción Cultural Española, se ha seleccionado un poco de todo, “de la historia interna y de la externa; de la historia de la palabra y de la no palabra”, sintetizó el director, José Manuel Blecua, al presentarla ayer en la Biblioteca Nacional, donde esta tarde será inaugurada por la Reina. Con ella arrancan las actividades para festejar el tricentenario, que culminarán en 2014 con la publicación de la versión vigésimo tercera del Diccionario. Y son 300 años pero es la primera fiesta. El secretario de la Academia, Darío Villanueva, sorprendió al revelar que no se habían conmemorado las efemérides anteriores: “Aunque sea una celebración modesta, nos sacaremos una espina”.
En el primero, el trasiego bélico que vivía la península, convertida en escenario de guerras napoleónicas, impidió los fastos. Ni el consenso prevalecía entre los académicos ni la casa permanecía al margen. Ambos asuntos fueron solventados por Fernando VII a su manera: destituyó al director, Ramón Cabrera —además de borrarle de la lista de académicos— y ordenó excluir a los afrancesados. Entre 1913 y 1914 la fiesta quedó en casa, con una sesión privada entre los académicos. El director de entonces, Antonio Maura, opinaba que una guerra mundial a la vuelta de la esquina no creaba atmósfera para alharacas.
Por vez primera pues la osadía del marqués de Villena y sus siete amigos de tertulia, que en 1713 decidieron poner a España a la altura de sus vecinos con la elaboración de un diccionario de la lengua, recibirá una merecida exaltación. Con el refuerzo de otros tres compañeros, los ocho tertulianos lograron en solo 26 años reunir una obra con 42.000 palabras en un siglo sin Internet ni Facultades de Filología ni coches (de los contratiempos de ello da fe en una carta de socorro un académico que se quedó sin mula). Incluso irían más allá: en un siglo publicaron el Diccionario de autoridades, la Ortografía, la Gramática y el Diccionario chico (el de autoridades sin autoridades), precursor de las versiones que conocemos.
'Mis amigos', inacabado, de Zuloaga en el que se incluyen Valle-Inclán, Baroja y Unamuno. / LUIS SEVILLANO
Un diccionario no alimenta el estómago ni repara un electrodoméstico ni sirve para desplazarse, pero los comisarios de la muestra, la historiadora Carmen Iglesias y el científico José Manuel Sánchez Ron —ambos miembros de la RAE—, realzan otro valor en el catálogo: “La lengua, la palabra, no es lo que llamamos ‘la realidad’, pero solo la lengua y la palabra nos proporcionan un marco significativo para entender parcelas de esa realidad y, con ello, poder conformarlas y contribuir a su transformación”. Joseph Brodsky, al que citan, era drástico: “Cuidad vuestro vocabulario como si se tratase de vuestra cuenta corriente”.
La exposición sigue un recorrido cronológico para ilustrar la vida de la casa en tres siglos. Lo hace con piezas de lujo: hay retratos firmados por Goya, Sorolla, Zuloaga y tesoros bibliográficos de Gonzalo de Berceo, Juan Manuel (El conde Lucanor), la primera edición de lujo del Quijote en español (y 13 reproducciones en terracota de sus personajes elaboradas para esa tirada) o el primer catecismo difundido en América que recurría a las imágenes para salvar la incomunicación lingüística (el espíritu santo se identifica con un colibrí, desde luego más atractivo que las insulsas palomas europeas).
Por supuesto están las obras lingüísticas. Hay objetos curiosos: el perchero, el toisón de oro de Víctor García de la Concha, el talón por 6.000 euros donado por el Rey, un sillón, un vídeo pseudoclandestino de una sesión, las felicitaciones de Mingote, el manuscrito de Los santos inocentes o el discurso de Salvador de Madariaga, leído en 1978, cuatro décadas después de su elección. La historia se completa con sus huecos. El más grande es el de las mujeres, por más que en 1784 fuese nombrada académica honoraria Isidra Quintina de Guzmán. Hasta 1978 no entró la primera de pleno derecho (Carmen Conde). Por el camino la casa había desdeñado a María Moliner —la exposición incluye su Diccionario—, Gertrudis Gómez de Avellaneda o Emilia Pardo Bazán. Casi frente al retrato de doña Emilia luce el de su “miquiño”, don Benito [Pérez-Galdós]. Irónicamente ellas no entraron en la RAE pero sí hicieron su historia.

dijous, 27 de juny de 2013

MACACO. Moving


Por un descanso merecido          Per un descans merescut
Per un descans merescut             Por un descanso merecido

                           Juntos somos evolución

diumenge, 26 de maig de 2013

 

 

 
 

La librería Escarabajal de Cartagena echa el cierre tras 126 años de historia

La crisis económica, los libros electrónicos y los cambios en la sociedad, son los principales motivos del cierre del emblemático establecimiento

Cultura | 17/05/2013 - 19:16h
rtagena. (EFE).- La lectura compartida de Las mil y una noches pondrá el punto y final a los 126 años de historia de la librería Escarabajal de Cartagena, la segunda librería más antigua de España, que cerrará sus puertas de manera definitiva este 18 de mayo coincidiendo con la celebración de la Noche de los Museos.

El cierre estaba previsto para el 30 de abril, tras los actos del Día del Libro, pero la propietaria de este negocio familiar fundado en 1888, Ana Escarabajal, decidió ampliar el margen para dar venta al numeroso stock de la tienda con importantes descuentos, que estarán vigentes hasta la madrugada del sábado, cuando la empresa, en concurso de acreedores, eche el cierre de manera definitiva.

La elección de Las mil y una noches, ha explicado la propietaria en declaraciones a Efe, responde a una anécdota de su infancia, cuando leyó por primera vez una edición de Blasco Ibáñez de esa obra que marcó su "vida de lectora" y que muchos años después cayó en sus manos y supo que su lectura estaba prohibida por el franquismo.

"Mi vida ha estado marcada por los cuentos y por los libros en general, y me gusta la idea de que esta etapa como librera se termine leyendo", ha subrayado, aunque, eso sí, "sin tintes de dolor ni de tristeza, como una noche más, dentro de la normalidad".
El cierre de la librería nos ha sobrevenido por diversas circunstancias, entre ellas la crisis económica, y también por la aparición de los libros electrónicos y los cambios en la sociedad. Los negocios tienen que renovarse, y actualmente no podemos acometer esa renovación", ha señalado.

Esta librería de calle Mayor de Cartagena fue fundada por su abuelo, Horacio Escarabajal, en 1888, y en España solo se mantiene abierta otra de más antigüedad, la de los hijos de Santiago Rodríguez, fundada en Burgos en 1850.

A lo largo de esos 126 años, Escarabajal "ha sido una librería puntera" que no solo se ha dedicado a la venta, sino que ha organizado numerosas actividades culturales y literarias, entre ellas, centenares de presentaciones de libros de Arturo Pérez Reverte, María Dueñas, Julia Navarro, Javier Sierra o Jorge Molist, entre otros muchos.

Por ello, a pesar de las circunstancias, Ana Escarabajal mira esa trayectoria "con agradecimiento" y se queda con "lo bueno que la librería ha aportado a la ciudad, la difusión cultural, el acercamiento de los autores y editores".

De cara al futuro, asegura que no tiene "ni idea" de lo que le deparará, ya que los libros, junto con su familia, han sido siempre los "pilares" de su vida, y todo lo demás, asegura, son "casi anécdotas".

El cierre de Escarabajal irá también acompañado de música y baile, ya que una bailarina de danza oriental ofrecerá tres espectáculos con velo, tambor y bastón intercalados con la lectura de "Las mil y una noches".

Después, "se cerrará un periodo muy importante por el que solo puedo dar las gracias a mis antecesores, y que ha sido el que ha marcado y conformado toda mi vida", ha señalado la librera.








EMRE ALTINOK. Unutam Benihttp://youtu.be/wvSWfs866FU



Una música para compartir...






dilluns, 20 de maig de 2013

dijous, 16 de maig de 2013

NUNO JÚDICE




Nuno Júdice: el amor por dentro del poema



Semiología

Digo: el amor. Hay palabras que parecen sólidas,
al contrario de otras que se deshacen entre los dedos.
Soledad. O también: miedo. Las palabras, podemos
escogerlas, meterlas dentro del poema como
si fuese una caja. Pero no esconderlas. Ellas
quedan en el aire, invisibles, como si no necesitasen
de los sonidos con los que las decimos.

Ahora, el efecto de las palabras. Su rotación
en la cabeza, y por las arterias, hasta el centro:
el corazón. Otra palabra con que se dice: el
amor. Pero no hablo de sinónimos; además,
hay palabras que esconden lo contrario de lo que
quieren decir, y solo las conoce quien ama, si
la vida no lo llevó por caminos confusos.

Te amo. También podría decir: la soledad
con que te amo, o el miedo a amarte. A partir
de una palabra todo se puede hacer, en una página,
cuando lo que está en ella es un poema. Mientras,
esas palabras me conducen a ti, esto es,
te hacen vivir por dentro de ellas. Por eso
todo se confunde: el amor, la soledad, el miedo,

y hasta la vida, que también es una palabra.

Verbo

Pongo palabras encima de la mesa, y dejo
que se sirvan de ellas, que las partan en rebanadas, sílaba
a sílaba, para llevarlas a la boca –donde las palabras se
dan vuelta para juntarse, para caer en la mesa.

Así, conversamos unos con los otros. Cambiamos
palabras; y robamos otras palabras, cuando no
las tenemos; y damos palabras, cuando sabemos que están
de más. En todas las pláticas sobran las palabras.

Pero hay las palabras que quedan sobre la mesa, cuando
nos vamos en buena hora. Quedan frías, con la noche;
si una ventana se abre, el viento las sopla hacia el suelo.
Al día siguiente, la sirvienta habrá de barrerlas para la basura:

Por eso, cuando me voy en buena hora, verifico si quedaron
palabras sobre la mesa; y las meto en el bolsillo, sin que
nadie lo repare. Después, las guardo en la gaveta del poema.
Algún día, estas palabras han de servir para una cosa.

(Versión de Marco Antonio Campos)
 


[Poemas de Nuno Júdice, de su libro Tú, a quien llamo amor (Antología). Selección y coordinación: Manuela Judice. Presentación de Inês Pedrosa. Traducción de Jesús Munárriz. Edición bilingüe. Madrid, Hiperión, 2008.]

Nuno Júdice, Premio Reina Sofía de Poesía 2013

El portugués Nuno Júdice gana el Premio Reina Sofía de Poesía

El galardón se concede desde 1992 al conjunto de la obra poética de un autor vivo destacado del mundo iberoamericano


El escritor Nuno Judice. / Daniel Mordzinski

El poeta portugués Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, El Algarve, 1949) ha ganado hoy el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. El galardón, instituido en 1992 y dotado con 42.100 euros, se concede al conjunto de la obra poética de un autor vivo del ámbito iberoamericano. Júdice es el segundo escritor portugués y el tercero de su lengua en ingresar en ese palmarés.
Nuno Júdice, que enseña literatura comparada en la Universidad de Lisboa y dirigió la Casa de Poesía de Fernando Pessoa, es poeta el más influyente de Portugal y uno de los más prolíficos de Europa. Desde que en 2000 reunió su poesía completa hasta entonces -una veintena de títulos desde que debutara en 1972 con Noción de poema-, ha publicado nueve libros de versos más. De hace tan solo unos meses es Fórmulas de uma luz inexplicável. Recientes son también la novela La implosión y el ensayo El ABC de la crítica, en el que expone su particular visión del canon literario como algo "abierto, dinámico, sometido a la influencia de la coyuntura social y económica". Así lo explica el poeta, traductor y profesor de la Universidad de Évora Antonio Sáez Delgado, que destaca la doble importancia de un premio como el concedido hoy. Por un lado, reconoce por tercera vez a la literatura en portugués 10 años después de que el Reina Sofía recayera en la portuense Sophia de Mello Breyner (el brasileño João Cabral de Melo Neto lo había obtenido en 1994). Por otro, lo hace subrayando en todo el ámbito iberoamericano la obra de "la voz más importante" de la lírica portuguesa actual. Lira de líquen (1985), Las reglas de la perspectiva (1990), y Meditación sobre ruinas (1995) son algunos de sus títulos más celebrados.

Los vencedores del premio Reina Sofía de Poesía

1992 Gonzalo Rojas (Chile)
1993 Claudio Rodríguez (España)
1994 João Cabral de Melo Neto (Brasil)
1995 José Hierro (España)
1996 Ángel González (España)
1997 Álvaro Mutis (Colombia)
1998 José Ángel Valente (España)
1999 Mario Benedetti (Uruguay)
2000 Pere Gimferrer (España)
2001 Nicanor Parra (Chile)
2002 José Antonio Muñoz Rojas (España)
2003 Sophia de Mello Breyner (Portugal)
2004 José Manuel Caballero Bonald (España)
2005 Juan Gelman (Argentina)
2006 Antonio Gamoneda (España)
2007 Blanca Varela (Perú)
2008 Pablo García Baena (España)
2009 José Emilio Pacheco (México)
2010 Francisco Brines (España)
2011 Fina García Marruz (Cuba)
2012 Ernesto Cardenal (Nicaragua)
2013 Nuno Júdice (Portugal)

dilluns, 29 d’abril de 2013

Tema 16, MIRA

Per tal de revisar el tema 16 us remet a aquest apunt de l'any passat i al bloc Cruïlla.
En l'apartat arxius 2n Batxillerat de l'espai DOCUMENTS teniu més informació del tema.

dijous, 25 d’abril de 2013

VIATGE DE NADAL



Apunt reproduït del bloc d'Enric Iborra La serp blanca. 

Consulteu també aquest altre apunt del mateix bloc sobre Valor i aquest altre sobre el relat.
Gràcies al professor E.Iborra pel seu treball.

A primeries de segle, a la Vila Joiosa, serena i marinera, hi havia una petita, saborosa i familiar indústria que guaitava cap a terra, cap a les amples i intricades muntanyes alcoianes. Sí; en aquell temps no gaire llunyà existia allà una modesta casta de xocolaters, més riquets o més modestos, al capdavall tots pobres, que no podien parar un sol dia de treballar. I entre ells creixia una classe aventurera a l'estil pairal: la dels qui agafaven el carro entendat i travessaven els alts ports de la serralada per anar a vendre la negra i aromàtica mercaderia en les cases i mercats d'Alcoi i de la seua rodalia muntanyesa.
El camí més transitat per aquelles expedicions mercantils i bohèmies era el port de Sella o dels Todons, aquell grandiós esvoranc enlairat sobre un ample laberint de moles abruptes, tossals i pics que s'esvaeixen a poc a poc fins afonar-se en la llunyana mar. Pujant de la Vila a Alcoi, a mà dreta del llarguíssim port s'estén la descarnada crestallera de l'Aitana, i a l'esquerra els contraforts de la fosca i garrigosa serra de Penàguila. Llavors aquest camí carreter —avui enrevessada carretera d'asfalt— serpejava primer entre bancals i escaleroles d'oliveres i garrofers, entre lloms i pujols suaus pròxims a la mar, i per fi s'enfilava muntanyes amunt salvant turons, vorejant precipicis, engolfant-se per vidrienques rieres, amunt i avall com un tobogan de gegants i trobant-se amb el prodigi —als ulls dels vilatans— d'un canvi sobtat de clima en un trajecte de deu hores de pujada: de la tebior marinera al buf gèlid de les altures.
***
Per allà, en els volts de mil nou-cents, tal com ho conten els vells de la vila, muntaven un matí solejat del vint-i-quatre de desembre dos carros atapeïts d'oloroses "unces" de xocolat. EI sotragueig calmós que feien en les primeres, rialleres revoltes del camí, es barrejava amb les paraules soltes dels dos mercaders, i tot plegat s'ho enduia un ventijol fi i fresc que remorejava mansoi i joganer per dins la brosta del plantat.
El sol hivernenc no calfava gaire, però sí que enllumenava gloriosament la terra grisa i la pregona mar. Quan els mercaders s'hi giraven, potser d'esma, aquesta relluïa cada volta més allunyada, com una franja immensa de lapislàtzuli, com una promesa refusada d'atzars que se'ls perdia entre l'angoixa de les llomes ressequides i pelades, mentre que els feixucs vehicles seguien, amunt amunt, un darrere l'altre, arcàdics i polsosos, omplint l'aire, a cada recolp, a cada clotxa del vell camí, a cada sotragada, d'una mescla de flaires calentes de fàbrica i estable.
Un dels venedors, el Jordi, que anava al darrere, era home vell i esprimatxat, vigorós encara per a fer tan llargues caminades, nevat de polsos i de mirada dolça; l'altre era un jovençol alt, cepat i bru, feréstec i d'aire satisfet de no se sap quines misterioses superioritats.
Eren companys d'ocasió —com tantes vegades s'esdevenia en els camins—, perquè s'havien trobat a l'eixida de la Vila; però es coneixien prou, puix que eren tots del mateix poble. Jordi sabia de Jesús que s'havia criat a la dula i sense pare i era una mica díscol... Tanmateix, sempre era bo —es deia— tenir una companyia jove per a transitar per dins les muntanyes.
De primer, caminaven silenciosos, cadascun vora el seu carro, mula del morro a vegades i atabalats per la música monòtona i ensopidora dels cascavells. Eren tots dos, altrament, gent rústega i de pocs sabers: si no parlaven del cacau, del sucre, de les mescles, del preu del xocolat a Alcoi, els seus temes de conversa s'esgotaven aviat. Demés, no podien emprendre el tema saborós de les fadrines, perquè Jordi era massa vell i no li parava bé.

Sí: caminaven en silenci. Així i tot, no guaitaven aquell pic gegantí, àrid i misteriós com una muntanya bíblica, que se'ls acostava per mà dreta —el Puigcampana—; no veien aquells fondals que s'obrien als seus peus en els revolts impressionants de la pujada: petits jardins de les Hespèrides on relluïa el groc sorprenent de les llimes; ni el falcó reial que planava en la calma del matí sobre les rambles pedregoses i desertes. No, no; aquella natura plena d'alegria i de belleses humils i grandioses, no era per als seus esperits simples d'artesans xocolaters i carreters incultes; era només per als seus cossos rudes, que en formaven part com els ocells, les plantes...
Per fi, Jesús vingué vora el vell a encendre el cigarret, i mogueren la conversa. Parlaren concretament de les matèries primeres, de la grandària de les dolces "unces", de si arribarien o no a temps de vendre tota la mercaderia "allà amunt" durant les festes nadalenques.
Però, després d'un nou silenci que degué abastar més d'un quilòmetre de ruta, Jesús es va esplaiar. I es sorprengué el vell de les paraules del jove. Jesús tenia ambicions, projectes: era un futur home d'empresa, tal vegada, aquell rústic xicot. Allò que ell, Jordi, no havia estat mai ni ho havia somiat tan sols.
-Sí, jo ara m'esllomaré... uns anys; però no vull estar-me tota la vida així com vostè, pels camins, fins a la vellesa. Jo tindré més d'una mula, més d'un carro, i tal volta carreters que no han tingut el pit ample i que treballaran per a mi -li confessà.
EI vell pensà en la seua pròpia vida, en la seua pròpia sort. Potser tenia raó Jesús; ell, Jordi, no havia barrinat mai de debò com aquell xicotàs. Per fi, digué en veu alta, com en una malenconiosa reflexió:
—I aquesta nit, Nit de Nadal!
I ho féu alhora contrariat i alhora amb un goig prudent, sense esclat, i els ulls se li entelaven d'un tendre enyorament... Ell no s'havia casat, i treballava amb un germà i la família en un obrador d'eines antigues i elementals. La seua vida era trista a hores d'ara, perquè anava trobant-se cada vegada més sol, tots els altres amb vides pròpies i plenes. Duia també la part més penosa del negoci familiar: el carro entendat i els camins. Quins goigs casolans, quines melangies endolcides pels anys li venien de record?
Jesús no li havia tornat mot de moment, però d'allí a poc li va dir:
—I què, que siga Nit de Nadal?
—Farem nit a Sella —va explicar Jordi—. Jo havia d'haver eixit ahir, però es féu malalt el meu germà, cosa de no res, i tot s'ha fet en retard i a correguda... I aquesta nit, ni els desgraciats com nosaltres havien d'anar pel món!
El jove va contradir amb vehemència:
—Jo he eixit a bona hora; em sobra temps per a arribar a Alcoi el dia de Nadal, i m'estimaria més fer nit a Alcoleja. Vull saltar el port dels Todons abans de la mitjanit. Cal fer camí, que és la nostra feina!
—No està bé això —objectà el vell somrient-li—, perquè tu ets Jesús, i tu has nascut aquesta nit!
Jesús va amollar una rialleta.
—Jo he eixit a guanyar-me la vida, a prosperar, ja li ho he dit! No és cosa de badar per hostals i hostalets!
Jordi desaprovava aquelles paraules. Ell pensava de fer nit a Sella, com havia dit, encara que hi arribassen a mitjan vesprada. Feia fred... Allà a l'hostal —ja s'ho imaginava—, hi hauria una rica foguera, xiquets que cantarien alegres cançons amh molta o poca traça, gent vermella de les flames, catalana de vi negre en mà, que parlarien animadament: tot plegat, rebombori dolç i casolà que li llevaria el cansament de l'ànima i el cos.
Les mules tiraven a gat per la costa d'Orxeta.
No passà gaire temps, i, de sobte, la gran pinzellada blava de la mar s'esfumà entre els lloms interminables que anaven quedant-se lentament al darrere. Llavors, tots dos carros atartanats, en un recolze del camí, es ficaren de debò dins el muntanyam espès, i el poble se'ls anà atansant a l'hora de migjorn.
Dins el poblet pegaren una queixalada a base de cansalada entrevirada i pa moreno, tou i ullat com un padou; donaren un grapat de recapte a les bèsties i seguiren fent via amunt. Prompte Orxeta es va anar quedant arrere, arredossada i solitària vora el seu gran tossal mòrbid i aspre.
La marxa els duia ja cap a la cruïlla de carretereues de Relleu i Sella. L'Aitana se'ls atansava a poc a poc; fulgurava la seua carena de la blancor de la neu caiguda per la Puríssima; el camí es giragonsava entre pujols i comes cada volta en recolzes més tancats, i llavors aparegueren bosquets i més bosquets de pins i pinatells a les parts obagues, i la terra, un poc abans sedejant i àrida, es tapava ací d'aromàtiques labiades, de terreres i amargoses coscolles, de negres alzines revellides. El vent de garbí, suau adés, anava creixent de to; algun pi donzell alçava solemnement la seua testa pomposa damunt les carenes margoses d'un tossal, i el seu paraigua verd fosc semblava arreplegar curosament el vent entre les seues branques poderoses.
—Jo faré nit a Sella, si Déu vol! —deia de tant en tant el vell Jordi, tossudament.
—Allà veurem!... —comentava emfàtic el jove.
En la llarga carretereua tingueren temps a tot: a estones, a calcigar el descarnat i blanquinós paviment; a estones, a pujar cadascun en el seu rústec vehicle. No gaire lluny d'Orxeta encara, trobaren algun carro de llaurança o algun ase llenyater mig amagat davall una increïble càrrega de xara; després, només silenci i solitud.
Era foscant quan arribaren a Sella.
Allà, ja en la mateixa falda de l'Aitana, des de la remota carena, els baixava una alenada glacial. A l'entrada del poble, vora la font, omplint un cànter de dues anses, corbat opulentament com uns malucs de dona jove, hi havia una fadrina, sana, esvelta i forta com una Raquel de la muntanya.
—Eh!...
Jesús li va dir una amoreta dubtosa; Jordi la va mirar silenciós, tal vegada pensant que ell, d'haver-se casat, bé podria tenir ara una filla així, d'una bellesa tan ferma i acabada.
L'emprengueren pel poble, i aviat feren cap a l'hostal, on Jordi, efectivament, va trobar-se aquella gatzara que somiava i que es sabia de memòria. El foc, en l'ampla llar, resplendia i esclafia en efímeres plugetes d'espurnes; els xicons entraven i eixien alegres i cantaires; gent coneguda el saludaven breument amb aqueixa cortesia brusca dels homes dels camins.
Jordi i Jesús, en aquell ambient càlid i remorós, tan acollidor enmig de la nit freda, soparen ben sopats; però, tanmateix, el jove es va entestar a prosseguir el viatge.
—Bé —va accedir Jordi—; ja que ho vols així, t'aidaré a enganxar la mula.
Entraren a l'estable, on poc abans havien deixat els animals, agafaren la mula del ramal i van eixir al pati. Calents del foc, el fred els hi va flagel·lar sense pietat. S'havia mogut un ventet frígid que ja no venia de garbí; ara baixava de la muntanya nevada. La mula, duta del cabestre pel seu amo des de la tebior de la quadra, tremolava com ells i movia la pell en fortes esgarrifances. Jordi va alçar la vista al cel; la nit de lluna s'enfosquia gradualment; un vel blanquinós i a borrallons començava a enllosar la volta estrelada; més avall, corrien rabents uns esqueixos de boira que pujaven del nord-est com llençols immensos i esfilagarsats que saltaven fantasmals les altes carenes.
—S'ha girat el temps! —es va preocupar el vell Jordi.
—Què! No farà res! —feia la contra el jove, tot ple de primerenca suficiència.— Això és l'Aitana, que qualla el ros de la nit!
Jordi bellugava el cap amb disgut, i mentrestant li aidava a enganxar el carro.
—Jo, de tu, no eixiria! —li continuava dient—. Pot nevar, és fàcil, i llavors un home sol en la muntanya no és ningú... Jo en vaig trobar un ert... fa anys. No vull ni recordar-me'n!
Jesús no s'hi va immutar gens.
—Ja ens veurem per Alcoi, vellet!
Jordi li va obrir la portalada; el carro entendat botà sonorament el llindar petri de la porta, i uns minuts després se'l va engolir la fosca soliua del camí del port.
El fred no deslluïa gens ni mica la Nit de Nadal, que es presentava com calia que es presentàs; del pati estant, Jordi, ja tot sol, continuava sentint la tabola dels minyons pels carrers enfredorits. Se'n va entrar de nou a la gran cuina, es va aposentar en un racó ben calent i es posà a guaitar l'alegria interminable del jovent i de la mainada amb el seu esguard de patriarca sense fills. A la cambra del costat, hi havia la resplendor del betlem i s'hi oïa el so rugós de les simbombes.
 ***
Jesús, mentrestant, avançava coll amunt en la nit de mitja lluna, a peu vora el carro com tot carreter que es vanta de ser-ho de veritat; el fred pujava per moments de cara a l'alta nit i guanyant en altitud i allunyament de la càlida Marina; el carro saltava, amb la seua marxa persistent de caragol, una i una altra carena divisòria, i el record de l'acollidora Sella restava tancat amb pany i clau rere el misteri de les muntanyes. Ara, el bosc i el sotabosc s'havien espesseït, i els pins i la garriga baixaven amb la seua foscor vora mateix de les cunetes, mentre que el vent semblava créixer en les fulles dels pins, aspres i tallants com tisores i infinites com les arenes de la mar.
Amunt, amunt! A vegades planejava el camí en petites i amagades foies, on el vent brumia en xops invisibles de branques descarnades. Però tot seguit, amunt, amunt. Continuaven les ratxes dures i crues d'un vent que udolava com un llop dins el pinar; el cel s'havia tapat d'un cel espès i translúcid que deixava a males penes filtrar-se una claror llunar on es desdibuixaven ombres i turons. Les carenes de l'Aitana, abans tan fulgurants de blancor sota la lluna, van desaparèixer a poc a poc entre boires i nuvolades.
Jesús, que ho mirava de tant en tant des dels revolts propicis del camí, feia sempre el cor fort.
—Va! M'aporegue de no res! És una Nit de Nadal com una altra! I com ha de ser una Nit de Nadal en aquestes serres?
Però el vent el fiblava, el traspassava, i la seua remor en el bosc cobrava brams i udols de borrasca. La nit s'enfosquia a poc a poc; tanmateix, com que Jesús tenia ulls joves i penetrants, gradualment s'acostumava a la fosca creixent i seguia veient la carretereua com una claror confusa que s'esmunyia davall dels seus peus. La llum del ciri del fanalet semblava destacar més en la negror i enllumenava tètricament les roges anques de la mula.
A Jesús, el vent, quan li venia de cara, li impedia caminar a bon pas costa amunt; mantenia la mula en el bon camí a força de braó, tot i agafant-la de la ramalera vora la boca humida i pantaixant, i la mà se li humitejava primer i se li gelava després; el vent, a ratxes, temptava de traure el carro de les carrilades, i, vora seu, els precipicis obrien la seua bocassa invisible al costat mateix de les cunetes... I l'ànima de Jesús, tan dura i inconscient moltes vegades, s'anava tanmateix encollint, talment com els seus braços, la seua esquena i les seues cames sota els regolfs crus de la provençada. Ell duia la manta basta, rasposa, resguardant-li cap i muscles i lligada davall la barba, però el fred li quallava l'alè en lleus filaments de gel davant la boca.
Mal era avançar i mal fóra aturar-se; les ferradures i els peus lliscaven penosament en els tolls gelats; si paraven, el fred els atuïa. Calia, doncs, seguir avant, pujar el llarguíssim port, aquella nit més llarga que mai, i ja descansarien el seu cos i el seu esperit en la gojosa davallada. Una volta dalt, rai! D'allí en avant, ja tot seria baixar i baixar fins a Alcoleja —un nom que prenia en les seues oïdes càlides ressonàncies de terra de promissió—. A la matinada tocaria a la porta de l'hostal, i, dins —ja ho veia!— encara trobaria el caliu en la foraca; llavors es calfaria les mans abans de desenganxar la mula, i en acabant li llevaria els aparells suats i glaçats, en el pati, on no batia el vent, i passarien a l'estable, d'atmosfera carregada i calda; en el pessebre posaria recapte de bones garrofes, de bona palla d'ordi... I ell, al llit!... Ja li semblava palpar la girada neta, les flassades toves.
Per aquest pensament, sentí brollar-li dins el cor un goig fort i jovenívol. També va tenir una altra alegria: adonar-se del silenci de la muntanya; sobtadament l'havia envoltat el silenci, llevat de la remor sorda de les rodes i el tènue dring dels cascavells.
Amb la mà dreta es va apartar la roba de l'orella, i escoltà: l'huracà sí que s'aturava; els seus brams perdien violència i es sentien cada vegada més lluny; els pins fantasmals ja no gesticulaven amenaçadors quan el fanalet els llambregava feblement. Sí, ara callava per complet! Ara es sentia com una fressa dolcíssima que baixava dels alts, com si hi cantassen suaument un esbart d'àngels i serafins.
Era, però, un silenci estrany i sinistre.
Jesús caminava i caminava. De sobte va dur-se la mà a la mig tapada galta, on notava que se li apegaven uns mosquits frígids que duia el ventet quasi impalpable i que el picaven com a petites brases, el cremaven amb un fred diminut i intens.
—Què és açò? —va dir-se en veu alta, furiós.
Però ell massa i tot ho sabia. Començava a nevar, nevava! I es trobava ja en la gran altitud, puix no devia ser gaire lluny la coronació del port, i ara ja no era cosa de tornar-se'n arrere.
Es va esborronar de cap a peus.
—Arri, arri! —cridà.
Amb el mànec de la tralla, va pegar despiadadament en les anques enfredorides de la mula; l'animal, llavors, féu una curta correguda costa amunt, i ell a la seua vora. Però el pantaix prompte els va vèncer, tots dos.
-Para!
Entrà dins el carro i en va traure la manta mulera, amb què tapà l'esquena i les anques de la bèstia. Les purnes de la neu es feien més espesses; aviat entapissaren el camí, i ell ho conegué per la remor de les rodes, que es feia més somorta, i per la de les seues passes, que es transformava en un cruiximent surenc.
La marxa, abans penosa per la costa, es tornava un treball esgotador: amo i mula estaven espeats de les hores de pujada, els assotava la neu, els peus i les ferradures relliscaven...
A Jesús, ara, no li plaïa el silenci de la muntanya; s'adonava que abans li feia una certa companyia la remor grossa del vent.
La nevada es féu copiosa. En l'alta nit, la seua blancor miraculosa, sota un cel clos però lleument translúcid, impedia una fosca total, i Jesús, amb els ulls acostumats, guaitava de totes bandes, entreveia les desigualtats dels pujols que voltaven el camí, la boca negra dels barrancs pregons, i, de tant en tant, en una lleu aclarida del celatge i la borrasca, albirava els pins grossos, dalt dels tarussos, endoblegant les ramulles sota el pes creixent de la neu que se'ls apegava.
Allò el va animar uns minuts: s'hi veia!
—Arri, arri!
Tanmateix, en la proximitat del port, la nuvolada s'espessia damunt els seus caps i augmentava la foscor una altra vegada.
—Ara ja no veig res, res! —es va dir una mica acovardit ¿Com podia ser, ell tan agosarat, de tanta espenta per a tot en la vida? ¿No pensava que s'estava fent ric, hora rere hora, dia rere dia, i que allò no era més que un entrebanc de tants entre ell i la fortuna?
Es va posar a riure, "Així, patint, és com es fan els diners", pensava, "i després ve el descans i la llibertat".
La manta enrotllada que duia, començava a pesar molt de la neu incrustada, Ell i la mula, tots blancs, semblaven ja dues figures d'apareguts en aquella hora propícia de la mitjanit Va pujar una altra volta en el carro, i, una vegada dins, subjectà la lona del darrere i, al davant, va deixar caure el morrió, i es va asseure i es trobava millor que no abans. Tornà a animar-se. Qui havia dit que caminant quan fa fred?..
Neu, neu, neu. Fora d'aquell petit recinte entendat, el temporal seguia desfermant-se, però sempre en un relatiu silenci. Jesús es deia que les nevades grosses solien presentar-se així.
No caminar, al final li féu sentir més la gelor, que allí, en la banqueta travessera, semblava gel pur que li clavava els fiblons per l'esquena i pel pit El seu cervell s'ofuscava; vagament sentia recança per la seua obstinació a continuar el viatge; li dolia, en el fons obscur de l'ànima. Ara, però, no hi havia remei.
Pensava confusament en la foguerada de la llar vora la qual Jordi, a hores d'ara, devia estar ben calent i segur fent la vetlada nadalenca... Ell, el vell Jordi, era qui en tenia la culpa, de tot! No hagués contradit!... Jordi havia despertat el seu desbocat amor propi, i aquest amor el feia encarar-se, a ell, a Jesús, amb la crueltat perillosa d'aquella nit.
El ventijol tornava a moure, i aquell carro endiastrat era un garbell: tot ple de forats. El buf es colava per darrere, pels costats de la lona mal enganxada, entre la barana de l'escala i l'envelat, per davall del morrió, que ja no podia abaixar-se més. Jesús acotava el cap i mirava al davant, les regnes en la mà; volia foradar amb l'esguard el tapió atapeït de la nevada; intentava de conèixer un tarús, un cantal, una soca de pi d'aquell camí que havia fet tantes vegades amb millor oratge.., quelcom que li fos familiar i li fes saber on es trobava ja. Però no reconeixia res, ni quasi s'hi veia. Calculava que marxava per les darreres revoltes; d'allí a poc, el terreny planejaria, i aquell gaudiós planeig seria, per fi, el port. Li devia quedar, a tot posar, una mitja hora de patir; posem-ne una hora! No era res. I allà dalt, a mà dreta, ben prop del camí, hi havia la casa del port esperant-lo. Li obririen! S'hi quedaria; renunciaria a davallar fins a Alcoleja!
Vejam! Ara escampiava un poc, la tempesta. Les volves es feien més clares, certament, per bé que encara nevava bastant.
 —Però no pots refiar-te! —deia entre dents.
Pegà un parell d'estirades a les regnes.
—Avant, avant!
L'escometé un optimisme exagerat; es va posar a riure una altra vegada, tal volta sentint secretament la necessitat de poblar aquella solitud lletja de dins el carro amb la seua pròpia veu.
—Amunt, amunt! No tardarem a arribar.
Sí senyor: faria nit a Alcoleja. Sí, tal com havia dit aquell gallina de Jordi! No hi renunciava, no! I és que no es podia amb els vells ni amb homes que no tenen pit. Nit de Nadal! I què? Així es feien els diners: patint i treballant, i per això hi ha uns homes que manen per damunt dels altres.
Es va trobar esgotat Sentia una son estranya. ¿Li la feia la fressa monòtona de les rodes, tan apagada pel cotó-en-pèl de la neu? S'adonà també que obrir els ulls li costava un bon esforç. L'atemoritzà un pensament: si s'adormia, es quedaria gelat! Llavors la mula podia esgarriar-se i fer-los caure en la mort freda i ignorada d'un abisme.
Va procurar dessonillar-se. Baixaria del carro; aniria a peu!
—No tinc més remei, no tinc més remei —repetia de baix en baix—. Ací fa més fred que no fora.
Ben enrotllat en la gruixuda manta de caminant, se'n féu millor feta la caputxa i es deslligà el cordell de davall la barba per tornar-se'l a lligar més ferm. Va temptar per allà dins per la fosca del carro i hi va trobar uns trossos de sac. Assegut en la banqueta, s'hi va folrar conscienciosament les cames, dels peus en amunt, lligant-los per damunt dels camals de pana dels pantalons.
Ja anava ben calçat! (I duia les minses espardenyes de pobre ben passades.) Caminaria, s'hi calfaria. I, unes poques passes endavant ell trobaria que sí que planejava la maleïda carretereua, aquell endimoniat camí que s'amagava davall la flassada tova de la neu i que no li donava la gana de planejar. I de seguida notaria que arribaven al capdamunt, al beneït capdamunt!, i que, a mà dreta, sí, a la dreta, n'estava cert, el mas del Port els obriria la porta.
—Un portal enllumenat com el de Betlem —va dir com entre somnis abans de decidir-se a baixar.
Què s'esdevenia ara? El carro envelat s'havia aturat bruscament, i Jesús saltà tot encondolit a la carretereta, i tot dos peus se li van estacar sencers fins el coll de la cama dins la neu. Quanta que n'hi havia ja!
El moviment el va reviscolar.
—Anem, muleta, anem! —va dir amb una certa paciència, tan inusitada en ell.
Però com que no havia desemparat la tralla, la va brandar lleugerament i la féu esclafir, una volta encara, damunt les anques de la bèstia.
El càstig, però, va ser sord i sense efecte.
—Arri, avant!
Les rodes del carro continuaven estacades, falcades. Ell mateix feia un bon esforç per desestacar els peus, cada passa que pegava. Avant! Calia seguir avant! Estirà de la regna amb violència.
Toca! Ara nevava més! I el que era pitjor: tornava a moure el ventet, que raïa, que el traspassava talment com si no portàs cap roba damunt. Les volves ja no queien mansament, sinó que corrien horitzontals i se li n'entraven per la boca, pels ulls, li tallaven l'alè, l'encegaven. L'animal s'esforçava a fer sortir el carro de l'estacador. Jesús, tan feble com es sentia, volgué ajudar i s'agafà debades a la roda. El pantaix de l'extrem els ofegava, home i bèstia, i el vehicle, feixuc de caixes i caixes de xocolat, no feia el més lleu moviment. Es devia haver ancorat en un toll de gel, com atrapat en un cep. Mentre que Jesús maldava, potser es posà mig pam de neu damunt de la que hi havia; allò es veu que era un punt on es formava ventisquer.
Aquella neu del dimoni! No parava de caure'n! Els colgaria! Ho colgaria tot!
Deixà el carro i va anar a poc a poc a la vora, al recés del vent, a la cuneta, i allà feia tarús i s'hi podia aixoplujar davall les branques espesses d'un pinatell. Es va torcar la cara —el rodalet destapat—, es fregà els ulls, es llevà un poc la neu que se li apegava per les celles, les pestanyes, el nas.
El vent venia a ratxes, amb intermitències, alenava de tard en tard com un monstre immens. I fou en una d'aquelles intermitències, en un dels silencis que s'esdevenien, que va sentir una veu llunyana que clamava dins les profunditats invisibles dels barrancs:
-Jesús, Jeeesúuus!
¿Com es podia sentir, de tan lluny, amb les seues orelles tapades per la manta lligada?
Una suor freda li va humedir el cos. Tenia por, por d'infant, una cosa que havia oblidat feia molt de temps.
Provà de destapar-se una mica l'orella. Però ja no sentí cap cosa: cap altra veu, cap altre crit misteriós. Un minut... dos, cinc potser. Res. Només el buf glacial que feia sonar de tard en tard la ramulla dels pins damunt la seua testa.
 ***
Jesús comprenia que no es trobava en el món de tots els homes. Allò no era el món aquell que havia deixat arrere unes hores de camí; ell vivia ara dins una forta tempesta, en un terreny que se li havia tornat fosc i desconegut. Aquella veu que havia sentit, que l'havia cridat... tal volta fos mentida, una mentida del vent i dels tornaveus de les muntanyes, un somni. ¿Qui l'havia de cridar, a ell, que era home que tenia pocs amics, que quasi sempre estava sol?
Jesús no havia travessat mai la muntanya en un oratge com aquell; ell sabia que es trobava alt, molt alt, però no tenia la mida d'aquella respectable altitud; ell sabia que feia fred, un fred cruel, però no tenia llums ni sabers per a conèixer que el d'aquella nit s'amidava en molts graus sota zero. Només pensava foscament que tal volta es podia morir dins aquella gelor irresistible, com havia sentit a dir de tempestes antigues i de caminants desconeguts. I si es moria, era una gran llàstima, perquè fóra vora el port de la seua salvació, prop de la casa, que ara potser obria ja la seua porta meravellosa...
Recolzat en el tarús, davall del pinatell que l'arredossava, va guaitar cap al carro. L'entreveia al davant seu, dèbilment enllumenat pel fanalet, i també veia la mula, com una ombra desdibuixada rere els rosaris de les volves... O creia veure'ls. De tota manera, se li apareixien en una positura estranya, estrafolària. I el cor li va fer grans batecs.
Ell estava bé allí; no li pegava la neu en les galtes; dins les butxaques no se li calfaven les mans enfredorides, però no se li gelaven del tot... Tanmateix, calia que anàs al carro a veure què era allò rar que hi notava.
Va fer una passa avant i va caure agenollat. Els membres se li enravenaven com en una sobtada paràlisi. Es va arrossegar lentament, amb molt d'esforç i amb una gran paciència. Li feia molt de mal tot el cos. Potser gelades tisoretes de pinassa se li havien clavat misteriosament a través de la roba. Tot podia ser en aquella nit lletja, fins les coses més destrellatades. "Jesús, tu tan valent... Jesús, tu tan forçut...", es deia sense paraules. Ara arribaria i pujaria en el carro, que potser sí que era més calent que la intempèrie i que encara tenia el fanal encès... un fanalet roig amb un ciri cremant, un ciri que s'acabava també com la seua força.
 Quant de temps trigà a travessar aquelles poques passes sobre la neu i el gel? Així, de genollons, hi va poder arribar, i va esbarrallar els ulls, que li pesaven arroves, i va mirar-ho tot bé. El carro havia tombat cap avant, i la mula, de genollons com ell, quieta, roscada, estava adormida damunt la catifa freda. No li calia, a ell, de fer-li res ja: l'animal no patia, estava quiet, dormint divinament amb la suor glaçada. Volgué cerciorar-se'n, però, i es va arrossegar fins a tocar el morro mig colgat. Ja no alenava... Millor; així no tindria el patiment del pantaix. No la veia bé, perquè el fanalet quasi no feia llum, una llum rogenca, de morts, i perquè hi havia massa volves i polsina de neu. Ah, aquesta pobra mula mal menjada!...
Ell es trobà bé sobtadament. Ja no el fiblaven aquelles agulles del fred. Pensava de pujar en el carro, si podia, a poc a poc; però per a què? Dalt tot fóra el mateix.
—Quina son! —va badallar tot musti i resignat, sense cap inflexió d'ira en la veu rogallosa, ell abans sempre tan vehement i iracund. I es va deixar caure suaument, amorosament, vora el cap de la seua mula, d'aquell ésser que havia sofert sense tornar-se, durant anys, totes les seues ires. I així es quedà, abraçat al coll encara tebi.
I s'adormia... ben adormit, sense cap angoixa ni dolor. Veges quin goig! Ja podia nevar, ja!
I sí que continuava la nevada, que els va colgar en poc temps, com si volgués abrigallar-los.
 ***
 L'esperit de Jesús s'havia refugiat en un racó petitíssim i calent del seu cos, allà endins, en aquell laberint fosc on habita allò que som, allò misteriós que en ell era ja a la porta del que no som.
Però ara venien a destorbar-lo. Per què cantaven a la seua vora molts, molta gent, i no el deixaven gaudir d'aquella dolça son? Encenien llum en el Portal! Venien a veure'l! Que bé! Ara sabrien que, malgrat la seua corpenta i el seu coratge, ell era molt petit i dormia. Quant de temps que no s'havia lliurat a manifestar-se com allò que era de veres, com un infant! És clar... ell era Jesús... i dormia plàcidament... i, a més, naixia en aquesta mateixa nit, com deia aquell d'allà avall. Veia una llum clara i una cara blanquinosa d'home vell i cansat de les maldats del món. Ell, Jesús, li tocava la barba, llarga i blanca com la d'un patriarca; i una dona jove i bella el mirava de molt prop, tota compassiva i maternal.
—Jesús, Jesús —li deien en veu baixa.
No va saber res més. 
* * *
 L'endemà, no; va ser l'endemà no l'altre: el segon dia de Nadal. Ell retornava, parlava a tots: a Jordi, a l'amo del mas del Port, a uns carreters de mitjana edat, colrats i vermells, que voltaven el llit.
-Com ha estat açò?
—Ens has donat molt de treball, Jesús —li deia Jordi—. Quan va començar a nevar, vaig dir a l'hostaler que ens calia anar per tu. Jo m'havia alçat de tant en tant del racó del foc i guaitava l'oratge per la finestra. I vam eixir a trobar-te.
—Però de tan lluny!
—Sí, i vam patir de deveres! Però érem cinc, i ens emparàvem els uns als altres. Que amunt que et vam trobar! Eres ja vora aquesta Casa del Port.
—Però... escolte -feia Jesús tot esbalaït. I la seua cara es transfigurà per un pensament esborronador—. Ací són tots? I el qui tenia la barba tan llarga i tan blanca?... Jo estava enmig de la neu una bona estona... i el de la barba blanca em va socórrer primer que ningú. I la seua dona, tan jove, tan bonica, ¿com hi havia vingut també en aquella crua nit?
Es miraren els uns als altres, i entre ells va córrer una pregona esgarrifança de superstició.
—No hi havia cap dona... ni cap home de barba blanca!..
Com no fos que... —va retrucar Jordi tot esborronat de temor.
Es va fer un silenci.
—Jo, el que sé de cert —conclogué Jesús eixint-li una llàgrima viva— és que sí que he nascut la Nit de Nadal.
València, 1962.

 Narracions perennes. Tàndem Edicions.