dilluns, 1 de novembre de 2010

EL INSTITUTO CERVANTES Y MIGUEL HERNÁNDEZ



Lunes, 1 de noviembre de 2010 .

DICEN estos días los crisantemos de la tumba de Perogrullo que, mientras recordamos a los muertos, los muertos son seres que, aunque ya no estén vivos, siguen existiendo en nuestra memoria.

Por eso podemos decir que Miguel Hernández (1910-1942), que falleció en la prisión de Alicante, y que fue homenajeado en el centenario de su nacimiento, el sábado pasado, en el Instituto Cervantes, por seguir existiendo en la memoria de tantas personas, como si fuera un ciudadano todavía vivo, cumplió cien años el pasado 30 de octubre. Miguel Hernández sigue existiendo para los muchos miles de lectores que, durante ya más de 70 años, siguen disfrutando sus fantásticos poemas y obras teatrales que no hay que olvidar que son los de un poeta y dramaturgo que murió cuando todavía se estaba formando como escritor, a los 31 años. Pensemos simplemente en lo que sería sólo la obra, publicada hasta sus 31 años, por poetas coetáneos de Miguel Hernández, lustro arriba o abajo, como Lorca, Cernuda, Aleixandre, Salinas o Guillén. ¿En qué se queda la obra de estos poetas si les suprimimos los libros de poesía que publicaron a partir de los 31 años? Tampoco hay que olvidar que los poetas, contra lo que se afirma en ocasiones erróneamente, no suelen ser precoces si nos atenemos a juzgar sus libros con mayor madurez artística. Aunque, obviamente, hay excepciones de madurez precoz, en las artes y en las ciencias, la inmensa mayoría de los artistas y de los científicos obtienen sus mejores logros en plena madurez de sus vidas y, en algunas ocasiones, ya casi en su vejez. Y Cervantes es el ejemplo supremo de artista que madura artísticamente cuando su vida ya está en pleno declive.

Organizado por el Instituto Cervantes y la fantástica Unión de Actores, que ahora cumple 20 años, el homenaje se inició a las 12 del mediodía y se clausuró al filo de la medianoche. Docenas de actores de cine y teatro, músicos, escritores y representantes de otras disciplinas de la cultura participaron en los actos organizados. El homenaje también estaba abierto a los ciudadanos que quisieron leer poemas de Miguel Hernández. También hubo actividades para niños, con cuentacuentos y regalos. El homenaje, en el que colaboraron el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación AISGE, llevó por título La voz de la palabra. Tras la audición del poema de Miguel Hernández Elegía a Ramón Sijé, en la voz grabada del actor ya fallecido Paco Rabal, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, abrió el homenaje poniendo de relieve la enorme importancia de la obra de Miguel Hernández y la intención del Instituto Cervantes de difundir máximamente la obra del poeta, incluso entre los más pequeños.

En un homenaje tan emocionante, que comenzó en la sede madrileña del Instituto Cervantes, a dos pasos de la plaza de Cibeles, a la misma hora en que empezaba, en la Puerta de Alcalá, el funeral del fundador de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho, tuvo una presencia destacada la familia de Miguel Hernández. Hablaron en el homenaje su nuera, Lucía Izquierdo, su nieta, María José Hernández y su sobrina Rosa Moreno Hernández. Lucía Izquierdo emocionó al público al recordar a Josefina Manresa, la esposa del poeta, que veía en su marido la persona más humana y transparente que había conocido. Y también fueron espléndidas las intervenciones de la nieta y de la sobrina del poeta.

Pilar Bardem inició su intervención recordando a Marcelino Camacho. Dijo que, en esos momentos, Madrid estaba despidiendo a un hombre bueno, un hombre al que ni le doblegaron ni le domaron. Y dedicó a Marcelino Camacho el poema de Miguel Hernández Para la libertad. Luis Eduardo Aute leyó el poema Eterna sombra. La actriz Blanca Portillo leyó las Nanas de la cebolla. La escritora Lourdes Ortiz leyó el poema Canción última. El actor Juan y Medio leyó el soneto Umbrío por la pena, casi brunoy dijo que este poema deberían reproducirlo en sus consultas los psiquiatras. El poeta Marcos Ana, que compartió prisión con Miguel Hernández, participó en una tertulia con niños al alimón con Fernando Marín. Entre docenas de participantes, Jorge Bosso, presidente de la Unión de Actores, Alicia Moreno Espert, concejal del Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid y José Bárcena, relaciones públicas del Café Gijón, expresaron su devoción por Miguel Hernández.




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