dijous, 10 de març de 2011

JOSE LUIS SAMPEDRO

Medalla para un eterno disidente

José Luis Sampedro, de 94 años, homenajeado por el Ministerio de Cultura ante personalidades como Héctor Alterio, Marcos Ana, Julieta Serrano o Ángel Viñas

JUAN CRUZ - Madrid - 10/03/2011

Esperando a José Luis Sampedro estaba ayer a mediodía en la Biblioteca Nacional un hombre embutido en una casaca de franela azul y roja, como alguien que viniera de otro tiempo para asistir a un acto solemne al que él se permitía ir sin corbata.

"Europa no va por el buen camino", afirma el escritor y académico

El académico, de 94 años, no se esperaba ni a ese hombre, que es Héctor Alterio, de 82 años, ni al gentío que le aguardaba para el acto en el que la ministra de Cultura le iba a entregar la Medalla de las Artes y las Letras de España.

El actor es alguien especial ahora para él, un personaje que está entre sus propias criaturas. Como Julieta Serrano, la actriz. Ambos van a encarnar los personajes de la versión teatral de su novela La sonrisa etrusca, que estrena José Carlos Plaza ahora en el Bellas Artes.

La actriz y el actor estaban allí para leer fragmentos de esa novela que, más de 20 años después de publicada, parece un diálogo del propio Sampedro nonagenario con un muchacho de hoy. Pues la obra va sobre "la última vuelta del camino" de un viejo partisano calabrés de nombre Bruno. Bruno es Alterio en la obra. Y como el actor es de origen italiano no parece imposible imaginar que entre el actor y el autor ya hay más de una coincidencia. Aparte de la que ahora concitan las tablas y la edad.

A Sampedro se le vio impresionado, oyendo. Esa obra le lleva a su propia biografía, pues ahora él mismo piensa que está "en el tramo final de la vida".

Un final que le encuentra al rojo vivo, por cierto. Explicó "que sigue siendo un disidente del mundo, que ve el Occidente muy descarriado y a una Europa que no va por el buen camino".

La ministra había recordado una frase de Sampedro: un escritor es como una vaca que rumia en medio de un prado; según González-Sinde, Sampedro había elegido la parte conflictiva del prado. Sí, dijo eso, pero él mismo leyó sin gafas estos versos suyos: "Sea Ulises tu guía / al viajar por tu vida, compañero / Tapona tus oídos contra toda sirena, / átate al duro mástil de tu barca / Y, obediente a tu brújula secreta, / pon rumbo a la aventura irrenunciable: / el viaje hacia ti mismo".

En ese viaje hacia sí mismo se ha visto "fiel". Como lo han visto los demás. Gregorio Salvador, su colega en la Academia, nos dijo que le veía como "alguien con quien se siente uno en comunicación"; Andrés Amorós: "Una persona muy libre por dentro, demuestra que se puede hacer buena literatura también con los buenos sentimientos"; Ana María Moix: "Un maestro y una personalidad humanística a quien no se ha hecho el caso que merecía". Carlos Berzosa, rector de la Complutense: "Fue un lujo tenerle como profesor". Ángel Viñas: "Un hombre cabal, un hombre". Marcos Ana, poeta: "Encarna todas las utopías de nuestro tiempo". Carmen Caffarel: "Un maestro coherente".

Estaba su colega el economista Juan Velarde. Nos contó que cuando estaban juntos, un catedrático alemán, Stackleberg, preguntaba siempre, al término de cualquier explicación: "¿Correcto, señor Sampedro?". Ahora pasa lo mismo, sigue pasando, explica Velarde, "porque fue el mejor de nuestros compañeros, un brillantísimo premio extraordinario de Económicas de la promoción de 1947".

Alterio nos había dicho que La sonrisa etrusca presenta un ser "que está terminando y sin embargo comienza". Una metáfora del Sampedro al que ayer él le dio voz en la Biblioteca.

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