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ROSA MORA - Barcelona - 08/11/2010
Esta historia tremenda sucede en un país imaginario, Miranda, que tiene algo de Venezuela, de Perú, de Bolivia y, sobre todo de Colombia). El narrador y protagonista, un tipo de clase media, solitario, que solo se relaciona por Internet, se ve obligado por error a suplantar a un líder político de la oposición. Así empieza Tres ataúdes blancos, con la que el escritor colombiano Antonio Ungar (Bogotá, 1974) ha obtenido hoy el 28 Premio Herralde de novela, dotado con 18.000 euros y que publicará Anagrama en un par de semanas.
La novela, según el editor Jorge Herralde, está cargada de humor negro. "Hay algo en la cultura de Bogotá que hace que la gente se ria de la guera todo el tiempo. Es una manera de sobrevivir. Reirse de lo trágico es muy colombiano".
"El cine, la música, las historias que he oído, las historias que he escuchado de mi familia" son los principales referentes de mi novela, ha dicho Ungar. "Me gusta la literatura norteamericana. Leo a García Márquez a García Márquez como a un clásico, como a alguien del siglo XIX, como si estuviera muerto".

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 06/11/2010
Que la ortografía es un ente mutante lo ilustra bien el hecho de que, en 1741, la primera edición lanzada por la Real Academia Española apenas 30 años después de su fundación se titulaba Orthographía. Por otro lado, que la disciplina que rige la correcta escritura es un asunto sensible para mucha gente lo demuestra la polémica que se desató cuando en 1815 se eliminó la "h" de la palabra "Christo". Por eso, Salvador Gutiérrez Ordóñez, coordinador de la nueva Ortografía académica que publicará Espasa antes de Navidad, evita usar incluso la palabra reforma. No digamos ya revolución.
Pero más que la susceptibilidad de hablantes que se han acostumbrado a guión o quorum como otros se habían acostumbrado antes a obscuridad o Christo, lo decisivo es que, mucho más que el diccionario o la gramática, la ortografía constituye la mayor garantía de unidad del idioma: "En la inmensa extensión del mundo hispanohablante, el español presenta variedades fónicas y léxicas. Sin embargo, comparte unas mismas normas ortográficas. Por eso podemos leer a Rulfo y a Delibes como si tuvieran una misma voz". Puede que la palabra manejar no signifique lo mismo en España y en América, pero en las dos orillas se escribe exactamente igual.
Según su responsable, la nueva obra trata de ser razonada y exhaustiva -tendrá 800 páginas, casi cuatro veces más que la última, de 1999-, pero también simple y legible. Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico perseguido por la comisión que ha representado a las 22 Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles pasado, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (La Rioja), echó el cierre a la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el próximo día 28 en la Feria del Libro de Guadalajara (México), Gutiérrez Ordóñez, sentado en la biblioteca donada a la RAE por Dámaso Alonso, repasa una obra que en unos casos "legisla" y en otros solo "orienta", pero que, pese a la sorpresa que puedan provocar algunas de sus "innovaciones", tiene cuatro pilares: "El uso, las autoridades (es decir, la literatura), la evolución de la lengua y la coherencia gramatical". Nada que ver con la incendiaria propuesta de García Márquez de jubilar la ortografía, "terror del ser humano desde la cuna". La ge y la jota siguen ahí; las haches rupestres, también. Algunas cosas, sin embargo, cambian.
- La i griega se llamará ye. Cosas del panhispanismo: América pierde la be alta y España, la i griega. Hasta ahora, algunas letras del alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para la v; uve doble, ve doble o doble ve para la w; i griega o ye para la letra y. La nueva Ortografía propone un solo nombre -"sin apellidos"- para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo), de ahí su nuevo nombre, frecuente en muchos países de América: "También decimos yeísmo". Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.
- Ch y ll ya no son letras. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime "formalmente". Así, las letras del abecedario pasan a ser 27.
- Solo en casa, ambiguo pero sin tilde. Hasta ahora, el acento gráfico indicaba la diferencia de uso de formas como este y solo. Pero ya desde 1959 las normas ortográficas limitaban la "obligatoriedad del acento gráfico" a las situaciones de posible am bigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré sólo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que "esos casos son muy poco frecuentes y se resuelven fácilmente por el contexto", la nueva Ortografía indica que "se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos". Eso sí, no se "condena" su uso si alguien utiliza la tilde. La RAE, no obstante, lleva ya décadas predicando con el ejemplo y, desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde en ninguno de esos casos. Desde hace algunas semanas, este periódico tampoco.
- Un guion puede tener un goya, pero no una tilde. De los 450 millones de hablantes del español, unos pronuncian como diptongo lo que para otros funciona como hiato, por eso la RAE permitía la escritura con tilde a "aquellas personas que percibieran la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié... La nueva Ortografía considera que estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, se pronuncien como se pronuncien, deben escribirse siempre sin tilde.
- 4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva, entre tanto, no ha perdido de vista los ordenadores. Hasta ahora, la conjunción "o" se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Sin embargo, los teclados de las computadoras han eliminado el peligro de confundir la letra o con la cifra cero. Y donde no hay peligro no hay señal de peligro.
- Gran premio de Catar. Aunque no siempre lo fue, como recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/: "En nuestro sistema de escritura, la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior? Deberá hacerlo como si se tratase de "extranjerismos crudos": quorum, en cursiva y sin tilde. Los nombres propios, sin embargo, quedan excluidos. Llegará, pues, el día en que leer Qatar sea como leer London.
- La ex del golfo de México. Dadas las continuas dudas que provoca la colocación de las mayúsculas, la nueva Ortografía ha optado por un criterio claro: "Se eliminan de los términos genéricos que se anteponen a los nombres propios (golfo de México, calle Felipe IV)". Además, la partícula ex se homologa al resto de prefijos, es decir, "se escribirán unidos a la base cuando sea una palabra simple (exmarido, antisocial, proamericano)" y separados cuando "afectan a bases léxicas compuestas (ex capitán general, pro derechos humanos)".
La nueva Ortografía de la RAE recomienda no poner tilde a "solo", pero no considera falta ponérsela cuando es adverbio. En la sección de Cultura se publicaba ayer que únicamente se admitía la tilde cuando pudiera confundirse con el "solo" adjetivo.
Por eso podemos decir que Miguel Hernández (1910-1942), que falleció en la prisión de Alicante, y que fue homenajeado en el centenario de su nacimiento, el sábado pasado, en el Instituto Cervantes, por seguir existiendo en la memoria de tantas personas, como si fuera un ciudadano todavía vivo, cumplió cien años el pasado 30 de octubre. Miguel Hernández sigue existiendo para los muchos miles de lectores que, durante ya más de 70 años, siguen disfrutando sus fantásticos poemas y obras teatrales que no hay que olvidar que son los de un poeta y dramaturgo que murió cuando todavía se estaba formando como escritor, a los 31 años. Pensemos simplemente en lo que sería sólo la obra, publicada hasta sus 31 años, por poetas coetáneos de Miguel Hernández, lustro arriba o abajo, como Lorca, Cernuda, Aleixandre, Salinas o Guillén. ¿En qué se queda la obra de estos poetas si les suprimimos los libros de poesía que publicaron a partir de los 31 años? Tampoco hay que olvidar que los poetas, contra lo que se afirma en ocasiones erróneamente, no suelen ser precoces si nos atenemos a juzgar sus libros con mayor madurez artística. Aunque, obviamente, hay excepciones de madurez precoz, en las artes y en las ciencias, la inmensa mayoría de los artistas y de los científicos obtienen sus mejores logros en plena madurez de sus vidas y, en algunas ocasiones, ya casi en su vejez. Y Cervantes es el ejemplo supremo de artista que madura artísticamente cuando su vida ya está en pleno declive.
Organizado por el Instituto Cervantes y la fantástica Unión de Actores, que ahora cumple 20 años, el homenaje se inició a las 12 del mediodía y se clausuró al filo de la medianoche. Docenas de actores de cine y teatro, músicos, escritores y representantes de otras disciplinas de la cultura participaron en los actos organizados. El homenaje también estaba abierto a los ciudadanos que quisieron leer poemas de Miguel Hernández. También hubo actividades para niños, con cuentacuentos y regalos. El homenaje, en el que colaboraron el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación AISGE, llevó por título La voz de la palabra. Tras la audición del poema de Miguel Hernández Elegía a Ramón Sijé, en la voz grabada del actor ya fallecido Paco Rabal, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, abrió el homenaje poniendo de relieve la enorme importancia de la obra de Miguel Hernández y la intención del Instituto Cervantes de difundir máximamente la obra del poeta, incluso entre los más pequeños.
En un homenaje tan emocionante, que comenzó en la sede madrileña del Instituto Cervantes, a dos pasos de la plaza de Cibeles, a la misma hora en que empezaba, en la Puerta de Alcalá, el funeral del fundador de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho, tuvo una presencia destacada la familia de Miguel Hernández. Hablaron en el homenaje su nuera, Lucía Izquierdo, su nieta, María José Hernández y su sobrina Rosa Moreno Hernández. Lucía Izquierdo emocionó al público al recordar a Josefina Manresa, la esposa del poeta, que veía en su marido la persona más humana y transparente que había conocido. Y también fueron espléndidas las intervenciones de la nieta y de la sobrina del poeta.
Pilar Bardem inició su intervención recordando a Marcelino Camacho. Dijo que, en esos momentos, Madrid estaba despidiendo a un hombre bueno, un hombre al que ni le doblegaron ni le domaron. Y dedicó a Marcelino Camacho el poema de Miguel Hernández Para la libertad. Luis Eduardo Aute leyó el poema Eterna sombra. La actriz Blanca Portillo leyó las Nanas de la cebolla. La escritora Lourdes Ortiz leyó el poema Canción última. El actor Juan y Medio leyó el soneto Umbrío por la pena, casi brunoy dijo que este poema deberían reproducirlo en sus consultas los psiquiatras. El poeta Marcos Ana, que compartió prisión con Miguel Hernández, participó en una tertulia con niños al alimón con Fernando Marín. Entre docenas de participantes, Jorge Bosso, presidente de la Unión de Actores, Alicia Moreno Espert, concejal del Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid y José Bárcena, relaciones públicas del Café Gijón, expresaron su devoción por Miguel Hernández.